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CLIMATE AND OCEANS

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Argentina - Fuegos en Corrientes y el balance de un verano caliente

Aníbal Fernando Parera

Biólogo de la Universidad de Buenos Aires. Ex Director Fundación Vida Silvestre Argentina y Administración de Parques Nacionales.

Durante 5 de las 8 primeras semanas de 2022 la provincia de Corrientes tuvo que resistir un avance descontrolado de fuegos que terminaron por afectar el 11,7% de su territorio: 1.042.514 hectáreas según el último reporte del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)(1) . En dicho período fue habitual la presencia de 30 a 40 focos activos, aislados y distantes, algunos con múltiples frentes, que avanzaron sobre unas 30 mil hectáreas por día, sin apagarse en las noches, cosa que habitualmente sucede en las quemas de campos, y traspusieron caminos o cursos de agua mediante pavesas de largo alcance. Fueron consumidos esteros y humedales vegetados afines (52%), pastizales naturales (40%), plantaciones forestales (4%) y fracciones de bosque nativo (4%), incluyendo algunos normalmente húmedos parches de “selva paranaense”.

Fue el mayor episodio de incendios que conoce la historia [humana] correntina y su motor la combinación de sequía aguda y prolongada con calores extremos. A la ausencia de lluvias en un período de meses anteriores, se sumaron días con Humedad Relativa Ambiente inferiores al 15%. En los 6.055 focos de calor correntinos de los primeros 23 días de febrero (Instituto de Clima y Agua, INTA Castelar), no sólo las temperaturas máximas resultaron relevantes: hubo temperaturas mínimas de 30°C por las noches.

Esas condiciones alentaron la proliferación de fuegos que no fueron, como algunos dijeron y muchos más creyeron, encendidos por facciones conspirativas ni por actividad supra-normal de malintencionados, salvo excepciones, que nadie puede descartar, sino por situaciones de lo más diversas: unas “activas”, como el rayo que anticipa una tormenta trunca o una colilla de cigarrillo mal apagada, y otras “pasivas”, como el haz de luz solar zenital que atraviesa un vidrio e incluso una insospechada, aunque en estas condiciones posible, auto-ignición de suelos con alto contenido de carbono (2) .

Algo también inusitado de esta temporada de fuegos, fue que éstos no corrieron libres. Fueron disminuidos, atajados y aun sofocados gracias a una suma descomunal de fuerzas públicas locales y extra-regionales, con brigadas asistentes desde 15 provincias argentinas, algunas de ellas portadoras de una rica experiencia en combate y manejo del fuego en la naturaleza, que Corrientes no posee (pero posiblemente construya a partir de aquí). Con aportes de recursos nacionales y, notablemente también, de Bolivia y Brasil.

Aparte de ello, y antes también, un concierto espontáneo de productores rurales solidarios movilizó maquinaria agrícola, camionetas y personal rural a cada foco vecino y no tan vecino. Y una ciudadanía movilizada acudió con lo que tenía a mano: mantas mojadas, chapas, ropa, a defender flancos de barriadas ante fuegos reptantes por alfombras de pastitos amarillos y cortísimos. Nadie sabrá nunca qué alcance habría tenido el fuego correntino de enero y febrero, sin la intervención de esa notoria respuesta social.

Desde las ciencias de la Ecología es imperioso decir que el fuego es un elemento de la naturaleza, modelador del paisaje y rector de ciertos ecosistemas. De hecho, si hay que explicar la existencia de la sabana correntina en un contexto de biomas frondosos periféricos (selva paranaense en Misiones, bosque chaqueño en norte de Santa Fe, Chaco y Formosa y tupidos montes del Espinal en Entre Ríos), el fuego es cabeza de lista desde tiempos inmemoriales, previos a la llegada del ser humano a estas tierras.

Esto resulta evidente en funciones como la remoción pirogénica de la fracción arbustiva, un substrato aéreo de pastizales combustible con capacidad de rebrote rizomatoso instantáneo, presencia de semillas estallantes, substancias anti-flama en largos estípites y una abundante cama de semillas y bulbosas aletargadas en profundidad.

Por ello, es esperable una recuperación del escenario natural y sus funciones ecosistémicas en un plazo de tiempo dado, que los ecólogos podremos estudiar. Afortunadamente, tanto las recientes inversiones como los valiosos ejemplares destinados al programa de reintroducción de especies extintas y amenazadas de la Fundación Rewilding Argentina, pudieron ser mayormente resguardadas.

Pero serán las muy considerables pérdidas materiales del sector productivo no sólo aquellas asignables al fuego, sino también a la sequía y los calores, las que dejarán una impronta profunda que debería convertirse en preparación de cara a un futuro que se presenta desafiante (3) .

Una preparación que hallará bases en este duro y repentino aprendizaje. En las previsiones que ofrece el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, donde Corrientes tiene, para el año 2050, 100 mm menos de precipitación anual, el doble de días anuales con más de 35°C y un aumento de 1,5°C en las temperaturas máximas; y espero también en el necesario aporte de la ciencia, en particular de los ecólogos, que a menudo son confundidos con ecologistas, cuyo mensaje no necesariamente es el mismo.

Marzo, 2022

 

Notas

1. Saucedo, G., R. Perucca y D. Kurtz. 2022. Informe técnico: Evolución de las áreas quemadas en Corrientes según coberturas vegetales, al 27 de febrero. Grupo de Recursos Naturales, INTA Corrientes.

2. Restuccia, F., X. Huang, G. Reina. 2017. Self-ignition of natural fuels: Can wildfires of carbon-rich soil start by self-heating?. Fire Safety Journal 91: 828-834.

3. Un informe que lleva el sello de las principales organizaciones de productores y la firma de referentes de cada sector agropecuario, reportó una estimación de pérdidas por $ 69.056 millones, cifra que no fue desmentida ni corregida aun por los organismos estatales.